lunes, 21 de mayo de 2012

Llaves


¿Qué es esta jodida sensación que arrastro conmigo? No hace más que incrementar esta sinestesia desbocada que golpea mi razón y la lleva a desaparecer, que confunde mis sentidos y me aturde.
Una oscuridad llama a mi puerta y no cedo aunque así no duerma. Ha olvidado las llaves, no puede entrar pues la puerta está blindada pero yo perdí esas llaves cuando estaba contigo y tu tampoco estás. Todos los días salgo por la ventana y me hiero al escalar. Las frías piedras me recuerdan cuando la puerta de mi cuarto estaba abierta y salíamos a regañadientes sonriendo sin parar.
La sombra siempre estuvo ahí pero la conseguí engañar. La convencí de que se marchara y cerré la puerta con llave. La llave que te llevaste. La llave que metí en tu bolsillo cuando nos despedimos.  Me quedé encerrado creyéndome acabado, hundiéndome en un pozo muy profundo y en la caída aprendí a vivir. Me sujeté a las piedras y encontré como salir. Malditas piedras, se ríen de mi.
Dejadme escapar. Las risas me persiguen y el timbre no para de sonar. ¡Dejadme en paz!
Y me arropo entre tus brazos y me pregunto por mis llaves. Pero las llaves dejaron de existir y son tus manos las que abren el cerrojo de la puerta. Ya la sombra inquieta golpea con fuerza sin astillas levantar, pues la puerta sigue estando blindada.
En las noches más frías, me tienta entreabrir la puerta. La mirilla me engaña y podría entreabrirla para comprobar quien llama. Pero una sola rendija y tal vez ella me matara. Así que mientras respondan mis manos, seguirán las piedras riéndose de mi mientras se bañan con mi sangre, mientras sigo buscando la llave de mi puerta.

jueves, 17 de mayo de 2012

Sobre el hielo


Hace mucho que no escribo nada, tenía la mente en otros sitios... Pero hoy he recuperado algo de inspiración y he decidido escribir una historia por el cumpleaños de la persona que más me ha dado en mi vida :)  Una persona de las pocas (muy pocas) que me hacen creer que la vida merece la pena porque hay felicidad junto a ellas. Es una chica muy especial para mi ya que nos une una historia digna de libro, dadas las cosas que nos han pasado desde los tres años donde empezamos a andar juntos, de una forma u otra, por el mismo camino.
En fin.. Feliz cumpleaños Gemma ;) Eres increible :)

P.D: Aprovecho para spammearos un poco y recomendaros que leais su blog
( http://www.esenciadelbosque.blogspot.com.es/)  Es una gran amante de la naturaleza y aunque lo tiene un poco descuidado (los examenes...) no deja de ser interesante :)

Iba caminando a solas en medio de la nada. No sabía dónde estaba, tan solo importaba el frío. Frío rodeándolo todo. Había perdido la cuenta de los días que llevaba entre aquellas cumbres nevadas escapando de la ventisca. Sus pertenencias eran bien escasas, a saber: un yesquero, un par de pequeños estiletes, un par de mendrugos de pan duro y algo de cecina. Al menos agua no le faltaría, pensaba. Estaba rodeado de ella.
En medio de la desesperación, tuvo que matar a un reno tanto para comer como para usar su piel. Aunque ahora ya estaba seca y no olía tan mal, no dejaba de ser desagradable pero abrigaba. Lo importante era sobrevivir. Sonrió.
Su pasado era, valga la redundancia, cosa del pasado. No tenía a nadie y ahora estaba solo, eso es lo que le importaba. No hacía falta recordar quién asesinó a quién, quien robó qué o quién huyó de la horca por unos minutos y causando un gran alboroto.
Estaban él y la nieve. Y el viento.
El viento  constante. El viento con su mordedura de frío. Su susurro entre las hojas de los árboles. Pasaba las horas escuchándolo. Interpretando su lenguaje.
El sol salía y se volvía a poner. Una vez tras otra. Los refugios eran escasos y la noche era casi insoportable al raso. Escarpadas eran las laderas de las montañas cercanas y poco dadas a las hendiduras en las que pudiera haber algún atisbo de cueva.
Las estrellas brillaban como en ninguna otra parte. Allí estaban todos los grandes héroes del pasado observándole en su ridícula soledad. Y allí, a lo lejos, el pico de una montaña, una enorme montaña que le llamaba. Le atraía como un imán. Caminase hacia donde caminase, siempre acababa con ella al frente.  Casi en su base, vio arder un pequeño fuego de campamento. ¿Alguien más estaba en ese infierno nevado?
No podía desfallecer.
Miedo. Inseguridad.
No podía ceder ante los elementos, debía continuar.
Determinación. Voluntad.
Tal vez no estuviera perdido por casualidad. Tal vez estaba perdido porque quería. La montaña estaba frente a él, llamándole. No conseguía recordar cómo había llegado a aquél páramo ni por qué. Huí, pensó. No recuerdo de qué, pero me siento un cobarde. Huí y ahora estoy aquí muriendo de frío y soledad.
La montaña le llamaba.
Tenía un destino. Acercarse parecía imposible con todo rodeado de barrancos. Le recordaba mucho a alguna vieja historia pero no sabía cuál.
Curiosidad. Energía. Adrenalina.
Y luchó, luchó con todas sus fuerzas. Sufrió magulladuras, golpes y torceduras. Escaló pronunciadas pendientes y a punto estuvo de perder la vida tras una caída. Fue paciente. Llevaba mucho tiempo solo y sin rumbo como para impacientarse ahora. El frío le nubló los sentidos. Entumeció sus extremidades. Se le acababa el alimento y nada parecía crecer cerca.
 De pronto, tras atravesar otro quiebro en el camino, encontró una senda bien oculta entre árboles y maleza. Una senda que discurría por un bosque que antes no estaba ahí o que sus ojos no le habían querido mostrar. Un enorme bosque de árboles cuyos picos no se alcanzaban a ver y troncos gruesos como casas.  Una senda que no estaba ausente de vida. Allí se encontró a la esfinge.
Caminaba a duras penas cuando un rugido le sacó de su ensimismamiento. Levantando la vista hacia el camino se topó con un extraño animal. A su mente vinieron mil leyendas sobre ese tipo de seres y ardió brillante como una llama una que hablaba de la montaña donde estaba.
Dioses. Se supone que era una leyenda falsa...

- ¡Alto, mortal! - rugió la esfinge.

En realidad, no era como la imaginaba. Casi se atrevería a decir que no era una esfinge sino otra cosa, puesto que los animales no concordaban con los de la leyenda pero ¿qué era si no?
Tenía forma de dragón, un animal más grande que un elefante. Su cabeza era de lobo, gris y blanquecina, con unos ojos azules y negros muy profundos. Sus patas y cola eran, sin duda, su parte de dragón, aunque las delanteras eran más largas lo cual le hacía parecer constantemente sentado.  La parte superior del tronco era amplia y prominente como la de un león y no faltaban eran unas enormes alas membranosa, típicas también de los reptiles voladores.
Todo un desafío para la imaginación.

- No puedes pasar por aquí. -continuó el ser, con gesto de suficiencia.

- Necesito refugio y comida, llevo demasiado tiempo perdido. He de pasar. - respondió

Energía. Energía escaneándole el cerebro. Determinación. Férrea voluntad.  Miradas desafiantes encontradas.

- Todo lo que he hecho hasta ahora me ha conducido hasta aquí. Todos mis errores y mis aciertos. No sé qué pretendes, pero no vengo con mala intención. Solo necesito encontrar algo que todo mi ser me indica que está aquí. - dijo mientras empuñaba sus estiletes preparado para vender cara su vida.

- Interesante, mortal. Interesante.

Tras unos instantes de silencio donde ambos se medían con la mirada, la esfinge volvió a hablar:

- Algún motivo tendrás de peso y no un simple presentimiento. Llevo mil años guardando este camino y nunca nadie se había conseguido acercar a él. Todos ellos murieron en el camino o me encargué de que lo hicieran.. Pero hace tan solo dos días...

- Hace dos días pude ver desde la distancia un pequeño fuego sobre la falda de esta montaña. Pensé que sería otra persona pero probablemente fue mi imaginación...

- No, no fue tu imaginación. Hace dos días vino una mujer aquí. Como tú, consiguió burlar mi vigilancia. Encontró el camino y se adentró en él. Como tú, algo le dijo que viniera. Me cuesta creerlo, mortal. Dos personas en mil años. Dos días de diferencia.

- Pero te juro que yo no... Un momento, dices que has guardado lo que hay aquí... ¿Qué hay?

- Puedo ver que no hay mentira en tus ojos. Tampoco la había en los de ella. Es impresionante. De verdad no venís en su búsqueda. Descúbrelo tú mismo, mortal. reúnete con ella. Pero antes descríbeme esa sensación que te trajo hasta aquí. Necesitaré recordarla.

- No sé muy bien si la puedo describir con certeza. No recuerdo mi pasado. Solo recuerdo que huí de algo importante y que lo siguiente que recuerdo es estar rodeado de nieve. Cada noche, mientras dormía, aparecía esta montaña en mis sueños. Sentía calidez, sentía que la soledad se disipaba y sentía verdadero amor. Cuando despertaba, tenía la montaña frente a mi pero muy lejana. Al principio desestimé esos sueños pero la desesperación por sobrevivir me hizo llegar aquí. Cuanto más cerca estaba, más sentía que todo volvía a tener sentido. Me sentía vivir.
Ahora estoy aquí, de pie frente a ti y no tengo miedo. No pienso huir. Solo pienso en seguir. Cueste lo que cueste.

-  Increíble. Pero no hablaré más. Sólo dos personas han visto hasta ahora lo que hay aquí guardado. Mi maestro y esa mujer. Todos fallaban mis pruebas, todos fallaban en el camino. No necesito someterte a ninguna prueba, porque al igual que ella, se que las superaras. Jamás pensé que mi maestro tendría razón, que llegaría un día en que...
Es igual. Adelante, mortal.

Y continuó por el camino viendo cómo la esfinge alzaba el vuelo. Cuanto más cerca estaba de la luz, más lleno se sentía. Más enérgico.
Cruzó el umbral y lo vio. El interior de la montaña. Vio todo aquello que estaba vetado a los hombres y la vio a ella. Lo que hay en la cueva es algo que permanecerá en secreto, pues solo los dignos han de conocer lo que allí se esconde.
Ella se sorprendió. Ambos se miraron. No se habían visto nunca pero se conocían. No sabían que existían pero sentían que esperaban encontrarse el uno al otro allí, bajo el mayor de los secretos de este mundo.
Sintieron verdadera felicidad. La soledad desapareció. Lloraron de alegría y exploraron la montaña. Dejaron de huir, porque en sus vidas, ambos habían estado huyendo siempre. Huyendo de sí mismos y del miedo al dolor. Y ese miedo tan solo les causaba el más profundo de los dolores.
Todo eso quedó en el pasado y el pasado, pasado está.
Se tomaron de la mano y juntos miraron hacia abajo. 

(dibujillo cutre xDD pinchar para ver)



domingo, 8 de abril de 2012

Amistad


Escribo para quienes saben que escribo. Escribo para quienes saben quién soy y saben más que mi nombre. Escribo para quienes conocen algo de mi parte oscura, de mi parte triste, de la parte que no sonríe. Escribo para los que ahuyentan la soledad con su presencia. A los que me acompañan en mi vida retirando las piedras del duro camino de la melancolía, a los que se sienten aludidos por mis palabras. A todos os digo que somos distintos y somos iguales. Que no son los gustos ni nuestras personalidades los que nos hacen especiales. Lo que nos une no se ve. Se siente. La mirada de un amigo tiene algo que la hace especial. Puedes estar de mil formas distintas, que ese brillo especial, esa calidez, te hará sonreír. Actualmente la gente cambia de amor y de amigos como de ropa interior, pero los años han demostrado que lo nuestro es distinto. Que va mucho más allá de las riñas, la rivalidad, todo lo contrario que somos, todo lo que pueda pasar. La unión hace al grupo y esa unión la llevamos en la sangre. Una mirada basta para comunicar muchas cosas a otro. Un reproche, una aprobación. Saber pedir perdón. Llegar a los puños. Todo es necesario. Con un verdadero amigo discutirás, te pegarás hasta destrozarte los puños y todo se volverá a arreglar. Todo se olvidará, porque lo que importa es la amistad.  Un juramento de sangre que va más allá de la normalidad. Nos une la locura, un estado de demencia común que por más que nos separemos, acaba devolviéndonos al redil, pues no encontramos a otro que nos comprenda.
Si no nos mata el alcohol, nada podrá. Me rio de la soledad, me rio de la tristeza y de la sociedad, de la vida y de la mala suerte. Me rio porque hay que improvisar y con vosotros improvisar significa sentirse vivo. Nos gusta el "cachondeo", nos gusta la conversación, el silencio y la risa.
Somos magníficos actores en la obra de la vida y no somos marionetas empujadas por lo común. Tenemos las riendas de nuestras vidas y las de nuestros amigos. Si uno cae, los demás lo ayudarán a levantarse y, si es necesario, lo llevarán en volandas a lo más alto. Por una vida juntos. Por algo inquebrantable mientras nos quede vida. Que no se rompa el juramento.

lunes, 2 de abril de 2012

La distancia

Acabo de encontrar un escrito del 2008... Asi que lo rescato del pasado, de un día bastante triste..


A veces tan lejos. A veces tan cerca. Tal vez no sea necesario que la distancia se exprese de una forma física sino que puede hacerlo de una forma mental, en forma de pensamientos, sentimientos... A veces, involuntariamente, uno se separa poco a poco de lo que más quiere y cuando quiere darse cuenta, está tan lejos que tarda tiempo en volver. Cegados por infinidad de sucesos y sensaciones que nos rodean, nos salimos del camino correcto y comenzamos a andar por otro totalmente distinto. No somos capaces de ver. No somos capaces de sentir. Y de repente, algo nos saca de ese trance tan profundo y nos dice ¡Despierta de una vez! ¡Mira por dónde y hacia donde andas y mira a tu alrededor!
Despertamos, miramos a nuestro alrededor y nos encontramos solos. Solos en un mundo inmenso en el que nos creíamos acompañados. Te sientes perdido, desorientado. ¿Vuelvo sobre mis pasos?¿Busco otro camino que me lleve al anterior? Y en ese caso, ¿Cuál será ese camino? Quiero volver, lo deseo, ansío volver. Necesito sentirme a su lado. 
¿Merece la pena? Las dudas te asaltan mientras buscas el camino. ¿De verdad soy querido? ¿De verdad aquello en lo que creí y aquello que amé era real?¿Sufrirán ahora aquellos que dejé atrás?¿Lamentaran mi perdida? Son duros pasos los siguientes a esas preguntas. Algunos caen, otros se rinden… otros deciden olvidar y seguir su nuevo camino… Yo elijo volver al camino que dio rienda suelta a mis sueños y me dio la vida hace ya unos cuantos años. Las dudas desaparecen de mi mente, ya tomé la decisión.  Lo único importante ahora es el tiempo, se necesita tiempo para volver, se necesita tiempo para encontrar el camino. He de creer que conozco las respuestas a las preguntas que me asaltaban. He de creer que todas ellas son reales y ciertas y que alguien me estará esperando. Me siento sufrir. Le siento sufrir.  El tiempo… algo tan indescifrable y tan necesario… incontable en su totalidad. Lo necesito. ¿Mucho?¿Poco? No lo puedo saber. Solo sé que todo mi ser desea volver.

¿Amor?


Intentar definir el amor es algo absurdo. Puedes expresar con palabras su contorno, su capa más exterior, sus síntomas. Puedes intentar adivinar algo sobre él, todo conjeturas. Pero no se puede explicar algo que no se comprende y el amor es incomprensible. Desde la ciencia, se explica cómo llega y qué indica que se mantiene. Es lo máximo que se puede decir de él. Llega, como un huracán, produciendo una especie de enfermedad perversa en el cerebro y se mantiene durante el tiempo que el mismo amor crea oportuno. Al principio te priva de la razón, te somete a la dependencia más extrema y te nubla la vista. Por muy fuerte que seas, el amor doblega a todos por igual y si no sientes una falta inexplicable de cordura, es que no conoces el amor. Los que se guían por impulsos son los más propensos al amor, se sienten más a gusto. El amor es todo impulsos, nada meditado. Un trotamundos, llevado por su instinto y siguiendo solo el camino que le marca el corazón, disfrutará de la incapacidad producida por el amor más que ninguno, pues le llena de un gozo y dicha increíbles y es propenso a hacer las locuras más grandes.
El amor nos hace a todos iguales. Nos rebaja a un nivel en el que el amado es lo más importante y nosotros no somos nada. Seas rico, pobre, rey o plebeyo, la mujer adecuada te hará volver a tu infancia y ser capaz de cualquier cosa con tal de conquistarla.
El que se guía por la lógica en su vida, el que ahoga al corazón y rige sus pasos con un frío calculado es el más propenso al desastre. El que tiene un corazón de piedra y su vida se rige por fuertes principios acaba completamente destrozado. De un soplo, descubre que sus principios se tambalean, descubre que ya no es dueño de su mente a pesar de su fuerza de voluntad y que alguien, sin saber por qué, ha tomado el mando.
Se siente incómodo, no está a gusto con lo que le dicta el corazón, antes siempre en silencio. No le gusta no ser dueño de su vida e intenta ahogarlo con todos sus medios. Pero el amor es la naturaleza en sí misma y no se puede detener. Con el tiempo, todos los muros se derrumban y la lógica queda olvidada en un pequeño cajón, dando paso a los impulsos. Hay quienes afirman que un corazón que ha estado encerrado toda la vida es un corazón por el que vale la pena luchar. Quienes nunca han parecido ser sensibles, de pronto se convierten en la encarnación de la sensibilidad. Como un torrente de emociones y sentimientos desbordados que no se pueden controlar.
La diferencia entre el trotamundos y cualquier lógico calculador, es que el trotamundos muestra sus emociones y enseña al mundo su ser de forma constante. El amor le hace brillar más, impresiona al mundo con su soltura y sus formas, tal y como se espera de alguien que ha vivido siempre con el corazón. Un amor ardiente y pasional, mostrado día a día y que es difícil de olvidar. Su dedicación y entrega son dignas de elogio y guarda un trozo de corazón para cada amor que ha encontrado.
El otro, por contra, es lo opuesto a la emoción. Nadie espera nada de él y, de pronto, se desborda. Es un amor sincero, secreto, vivo y casi tangible. Un amor muy valioso, pues quien ha roto tantos muros se queda para siempre en la memoria y, por muchos muros altos y fuertes que vuelva a construir, nadie recogerá los escombros de los que esa mujer especial consiguió derribar.
Puesto que no me gustan los absurdos, no he intentado definir el amor. He definido como golpea y cambia la vida de los hombres igual que se puede definir como el oleaje del mar erosiona la tierra y golpea las rocas, desmenuzándolas. Igual que se puede definir como su superficie te embelesa y la brisa te hace sentir vivo. Intenta ahora definir el mar en sí mismo, con todo lo que contiene en su interior.

sábado, 17 de marzo de 2012

Lagartija


Esta es la historia de cómo una pequeña lagartija se enamoró de la luna y de cómo consiguió ser feliz a pesar de que parecía imposible.
Erase una vez, una pequeña lagartija. Le encantaba saludar cada mañana al sol y recibirlo recostada sobre su roca favorita.  Su diminuto cuerpo era del color de las hojas en primavera con un moteado rojo muy intenso. Su lengua bífida, danzaba como si tuviera vida propia siempre en busca de nuevos sabores.
Vivía de día. Dormía de noche. Nunca salía de su escondrijo una vez el sol rozaba el horizonte.  Su vida era una rutina perfecta. No le gustaban los cambios, el movimiento. Le gustaba el orden, la lógica, no los impulsos.
Dentro de su simple existencia, nunca había tiempo para mirar al cielo. El sol bañaba su piel y eso le bastaba. Su mundo estaba en el suelo.
Pero nada se mantiene invariable en la vida y un día la pequeña lagartija fue sorprendida fuera de su escondrijo por una tormenta repentina.
Las nubes surgieron de la nada. Nuestra verde amiga estaba en búsqueda de su sustento diario cuando de pronto estalló la tormenta. Era demasiado arriesgado atravesar el largo trecho que le separaba de su hogar con semejante aguacero, así que no quedaba más remedio que buscar un sustituto de su refugio.
Lo más molesto de la situación era que la negrura del cielo le impedía ver si continuaba el día o ya era de noche. De noche sería una presa fácil para todos los depredadores nocturnos, que podían ver donde ella no podía.
Igual que vino, terminó. Y para desgracia de la pequeña lagartija, ya había llegado la noche.  Lo que ella no esperaba es que esta le diera un giro a su vida.
Allí, en lo más alto, se encontraba un fascinante redondel blanquecino. Su luz era fría y a la vez cálida y reconfortante. Por primera vez, miró al cielo y no apartó la vista de lo que veía, pues le gustaba.
Se desatendió de todo lo demás. Pasó largas horas contemplándola y entonces ella le habló. Le contó sobre grandes bosques verdes y rebosantes de vida. Le contó sobre ríos, mares y montañas. Sobre amor, amistad y valor. De la importancia de pensar cuando se ha de pensar y de actuar cuando se ha de actuar.
Y la pequeña lagartija escuchó sin vacilar. Los pilares de su existencia se tambaleaban y entonces comprendió, ya tarde, que la Luna le había hechizado. Que se había enamorado.
El caos llegó a su vida. La noche significaba la muerte pero a la vez significaba volver a verla. Sentir su luz acariciando su escurridiza piel. Y ella no se resistió. Se dejó llevar y todas las noches se citaban en el mismo lugar. La pequeña lagartija le contó acerca del grano, de los pequeños insectos. Del placer de tener un diminuto hogar.  Y así transcurrieron las noches hasta que llegó la luna nueva.
La lagartija salió en busca de un fantasma. Aunque la luna estaba ahí, ella no podía verla y se sintió sola. Pensó que le había abandonado y se sintió traicionada. Triste, melancólica y sola.
La luna le gritaba, pero ella no escuchaba. Estaba completamente fuera de si.
Toda su vida parecía no tener sentido. Quería más, mucho más. Pero la luna estaba lejos y era imposible estar juntos.
Creció de nuevo la Luna sobre el cielo, y entonces se lo explicó todo. La lagartija fue consciente de que tendría que estar sola durante cierto tiempo de forma cíclica.  Lo comprendió y le invadió la tristeza. Si no podrían estar juntos físicamente, al menos intentaría fusionar sus almas. Pero, ¿cómo? No era más que una pequeña lagartija. Entonces tuvo una idea. Los sueños son más fuertes si alguien los vela, y pueden ser reales si los vela la persona correcta. Durante el día, la lagartija haría su vida normal, mientras la Luna mandaba al Sol cuidarla como si fuera su propia amante. Por las noches, ambos se encontrarían en privado en la roca de su primera vez. Las noches de luna nueva, la pequeña lagartija dormiría a la intemperie y sería la misma luna la que cuidaría de sus sueños. Y es precisamente en sueños donde ambos estaban juntos y parecían felices. Pero ese tipo de sueños son efímeros y se pierden al despertar, por lo que la lagartija decidió no volver a despertar. Olvidó el orden, la tranquilidad y el razocinió y se volcó en seguir su corazón. Y su corazón le llevó muy lejos. La luz de la luna la acogió en su seno y se llevó su amor con ella y ahora ambos brillan juntos desde el cielo, en un eterno sueño del que nadie los puede despertar.