Primero habló ella largo y tendido. Me embargaron intensas emociones. Sentí tristeza, amor, alegría, vergüenza y arrepentimiento. Las lágrimas
recorrían mis mejillas. Había empezado a llorar sin darme cuenta.
Continuaba expectante, no sabía si sentado o en pie, si
despierto o soñando. Pero seguía escuchando esa conversación.
Más tarde habló él. Fue claro y preciso. Sentí odio, dolor y
frustración. Se despertó el instinto de supervivencia y las ganas de matar.
Sentí la sangre goteando de las palmas de mis manos.
Fuera el viento era fuerte y gemía con fuerza.
Entonces empezaron a hablar los dos. Empezaron susurrando
para pasar a voz fuerte y más tarde pequeños murmullos. No estaba todo oscuro.
Notaba el calor de las bombillas. Cansado de tanta incertidumbre, abrí mis ojos
que hasta ahora habían estado cerrados ajenos a mí mismo. Estaba solo en una
habitación. Completamente solo.
Fuera el cielo estaba llorando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario