viernes, 14 de septiembre de 2012

Habitación vacía

Estaba todo oscuro. Podía oír su voz pero no podía ver nada.  Hablaba con alguien. Un hombre. Me sentía confuso y desorientado. Risas. No me atrevía a alzar la voz, pues hablaban de mi.

Primero habló ella largo y tendido.  Me embargaron intensas emociones. Sentí  tristeza, amor, alegría,  vergüenza y arrepentimiento. Las lágrimas recorrían mis mejillas. Había empezado a llorar sin darme cuenta.
Continuaba expectante, no sabía si sentado o en pie, si despierto o soñando. Pero seguía escuchando esa conversación.
Más tarde habló él. Fue claro y preciso. Sentí odio, dolor y frustración. Se despertó el instinto de supervivencia y las ganas de matar. Sentí la sangre goteando de las palmas de mis manos.
Fuera el viento era fuerte y gemía con fuerza.
Entonces empezaron a hablar los dos. Empezaron susurrando para pasar a voz fuerte y más tarde pequeños murmullos. No estaba todo oscuro. Notaba el calor de las bombillas. Cansado de tanta incertidumbre, abrí mis ojos que hasta ahora habían estado cerrados ajenos a mí mismo. Estaba solo en una habitación. Completamente solo.
Fuera el cielo estaba llorando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario