Si hay algo que muchos hombres compartimos (sí, me incluyo) es la necesidad innata de sentirnos unos niños en los brazos de una mujer. Dejando de lado el tema sexual, no somos pocos los que buscamos sentir el afecto, el cariño y el calor de aquella a quien amamos con pasión. Lo típico, la escena de película, es la mujer arropada en los brazos del hombre, imagen de la fortaleza y masculinidad. Por otro lado, tenemos la imagen de fragilidad e inocencia de la mujer, que necesita sentirse protegida. A todos podría decirse que nos gusta eso. El tener entre nuestros brazos a la persona que queremos y tener la certeza de que podemos protegerla de todo mal. Pero no es lo único que nos gusta. A veces, cuando estamos tristes, cariñosos, o simplemente sedientos de amor, ansiamos recostarnos sobre el cuerpo de nuestra amada, apoyar la cabeza en su pecho y escuchar su corazón. Permanecer abrazados, como una madre abraza a un hijo, y sentir verdadera paz. Científicos aseguran que el ser humano siempre añora el cariño de una madre y de alguna forma ve en su mujer algo de ese afecto, de esa maternidad.
En los momentos en que te sientes débil, tu alma gemela está ahí para cuidarte, para escucharte y para protegerte, aunque muchos no lo admitan.
Cuando estás enamorado de verdad, recostar la cabeza sobre su pecho te llena de paz. De seguridad. De tranquilidad. Te devuelve a cuando los problemas no eran más que cosas de adultos. Y entonces podemos dormir de verdad.
En "Blog" encontrareis escritos variados. En "Es mi nombre" una historia en la que trabajo :)
lunes, 30 de enero de 2012
jueves, 19 de enero de 2012
Creación de página
He creado una página aposta para ir publicando ahi la historia y no saturar lo que es el blog con ella :P La pestaña está arriba. Se llama Es mi nombre - Historia.
martes, 3 de enero de 2012
Prólogo - Es mi nombre.
Prólogo.
Caía la noche y aún era largo el camino.
No era difícil fijarse en él. Solo. Callado. Caminaba cabizbajo. Vestía una fina camisa negra de lino acordelada, pantalones, también negros, remetidos sobre unas finas botas de piel negra. Todo ello cubierto por una capa con capucha, que le ocultaba el rostro.
El camino no estaba muy transitado: algún que otro viajero, un pequeño carromato adelantado a los demás, llenando el ambiente de los rebuznos del burro que tiraba de él... y nuestro protagonista. Era un camino Real después de todo, pero eso no quitaba que hubiera algún que otro bache o tronco caído. Y por supuesto, fuera del camino Real el peligro acechaba como en cualquier otra parte.
Alguien muy observador, podría haberse fijado en la vaina que colgaba a un lado de su cintura, oculta entre los pliegues de la capa. Alguien muy observador, podría haber visto que no era un arma corriente, pues parecía forjada de un metal negro.
Alguien muy observador, podría haberse dado cuenta de que se movía tranquilo, sereno, con unos pasos estudiados y ligeros. Impropios de un hombre normal.
El sendero no tardaría en adentrarse en un oscuro bosque de robles, así que tendría que hacer un alto en el camino. Ya sabía lo que podría encontrar en ese bosque en la oscuridad de la noche y, además, sólo un loco se adentraría en un bosque tan viejo como aquel sin luces de ningún tipo.
Era una noche especial, por lo que decidió acampar junto al resto de viajeros que se habían reunido junto a un pequeño fuego de campamento aunando fuerzas para tener una buena cena.
Fue una cena agradable y amena: cerveza, pequeñas hogazas de pan con mantequilla, dos pequeños conejos y algo de queso hicieron su papel. El alcohol hizo que se diera paso a una agradable conversación y, más tarde, a la narración de historias fantásticas (todo el mundo sabe que los viajeros gozan de contar sus aventuras).
Nuestro protagonista se mantenía en silencio, expectante. Había demasiado ruido para su gusto. Los caminos nunca eran del todo seguros, pero hoy se hacía una excepción. No era una noche cualquiera. Se entretuvo escuchando los relatos de los demás.
Desde pequeñas baladronadas de duelos y aventuras fantásticas, hasta grandes historias conocidas por todos, como las de Larïel y Mertel, fueron transcurriendo una tras otra, entre gestos de aprobación e interés. Tampoco faltaron las leyendas y mitos acerca del gran "Asesino Blanco", de las que contaban enormes proezas de un tipo que vivió hace cientos de años y que logró destacar en todas las artes. Aunque variaban mucho de un lugar a otro, todas coincidían en lo mismo: su nombre se debía al color de su cabellos.
Llegado el momento, todos se giraron hacia el hombre de negro. Era su turno y todos esperaban alguna reacción, pues no había mediado palabra en toda la cena.
"Tienes pinta de haber recorrido mundo, cuéntanos algo" - dijeron e insistieron.
Con una sonrisa sardónica, se retiró la capucha de la cabeza. Todos quedaron asombrados al verlo. Tenía los cabellos cortos y desgreñados, blancos como la leche. Ojos negros como la noche que les rodeaba y un rostro cargado de arrugas y cansancio. No era viejo, no había visto todavía treinta inviernos, pero su cara reflejaba una vida llena de peligro, dolor y aventuras. Sus ojos, decían saber mucho más de lo que correspondía a alguien de su edad.
Todos se quedaron literalmente boquiabiertos.
Miró uno por uno a los viajeros y luego comenzó a hablar:
- Me alegra que me preguntéis. No acostumbro a hablar y mucho menos a contar historias. Pero esta es una noche especial. Haré una excepción. Alimentad el fuego, porque la historia que vais a escuchar es larga, y es una que no habréis oído jamás.
- dijo, con una voz rasposa, fría, aunque animada.
El corro no tardó en echar leña al fuego y arrimarse más a él, con súbito interés. Uno de ellos sacó un rollo de pergamino y pluma, al parecer, viendo en esa inquietante historia la oportunidad de una nueva canción con la que seguir ganándose la vida como bardo. Si de verdad ese hombre era quién parecía...
- Comenzaré con las presentaciones. Mi nombre es Niráed, que en el antiguo y olvidado letán significa "El que ve más allá". No siempre me llamé así, nací con otro nombre y me he llamado de muchas formas a lo largo de mi vida, pero hoy, y por siempre, soy Niráed. Mi historia se remonta a hace cien años, cuando este bosque se extendía hasta la Marca y todavía vivía la estirpe del rey Amüriel. Por mi aspecto podéis asegurar que no trabajo en el campo, pero tampoco lo hago al servicio de ningún rey. Pertenezco a una antigua nobleza y a una vieja orden que posiblemente ninguno de vosotros recuerde ya. Esta es mi historia. -dijo mientras se acomodaba, comenzando lo que sería una larga historia por la que bien valdría la pena pasar la noche en vela....
Caía la noche y aún era largo el camino.
No era difícil fijarse en él. Solo. Callado. Caminaba cabizbajo. Vestía una fina camisa negra de lino acordelada, pantalones, también negros, remetidos sobre unas finas botas de piel negra. Todo ello cubierto por una capa con capucha, que le ocultaba el rostro.
El camino no estaba muy transitado: algún que otro viajero, un pequeño carromato adelantado a los demás, llenando el ambiente de los rebuznos del burro que tiraba de él... y nuestro protagonista. Era un camino Real después de todo, pero eso no quitaba que hubiera algún que otro bache o tronco caído. Y por supuesto, fuera del camino Real el peligro acechaba como en cualquier otra parte.
Alguien muy observador, podría haberse fijado en la vaina que colgaba a un lado de su cintura, oculta entre los pliegues de la capa. Alguien muy observador, podría haber visto que no era un arma corriente, pues parecía forjada de un metal negro.
Alguien muy observador, podría haberse dado cuenta de que se movía tranquilo, sereno, con unos pasos estudiados y ligeros. Impropios de un hombre normal.
El sendero no tardaría en adentrarse en un oscuro bosque de robles, así que tendría que hacer un alto en el camino. Ya sabía lo que podría encontrar en ese bosque en la oscuridad de la noche y, además, sólo un loco se adentraría en un bosque tan viejo como aquel sin luces de ningún tipo.
Era una noche especial, por lo que decidió acampar junto al resto de viajeros que se habían reunido junto a un pequeño fuego de campamento aunando fuerzas para tener una buena cena.
Fue una cena agradable y amena: cerveza, pequeñas hogazas de pan con mantequilla, dos pequeños conejos y algo de queso hicieron su papel. El alcohol hizo que se diera paso a una agradable conversación y, más tarde, a la narración de historias fantásticas (todo el mundo sabe que los viajeros gozan de contar sus aventuras).
Nuestro protagonista se mantenía en silencio, expectante. Había demasiado ruido para su gusto. Los caminos nunca eran del todo seguros, pero hoy se hacía una excepción. No era una noche cualquiera. Se entretuvo escuchando los relatos de los demás.
Desde pequeñas baladronadas de duelos y aventuras fantásticas, hasta grandes historias conocidas por todos, como las de Larïel y Mertel, fueron transcurriendo una tras otra, entre gestos de aprobación e interés. Tampoco faltaron las leyendas y mitos acerca del gran "Asesino Blanco", de las que contaban enormes proezas de un tipo que vivió hace cientos de años y que logró destacar en todas las artes. Aunque variaban mucho de un lugar a otro, todas coincidían en lo mismo: su nombre se debía al color de su cabellos.
Llegado el momento, todos se giraron hacia el hombre de negro. Era su turno y todos esperaban alguna reacción, pues no había mediado palabra en toda la cena.
"Tienes pinta de haber recorrido mundo, cuéntanos algo" - dijeron e insistieron.
Con una sonrisa sardónica, se retiró la capucha de la cabeza. Todos quedaron asombrados al verlo. Tenía los cabellos cortos y desgreñados, blancos como la leche. Ojos negros como la noche que les rodeaba y un rostro cargado de arrugas y cansancio. No era viejo, no había visto todavía treinta inviernos, pero su cara reflejaba una vida llena de peligro, dolor y aventuras. Sus ojos, decían saber mucho más de lo que correspondía a alguien de su edad.
Todos se quedaron literalmente boquiabiertos.
Miró uno por uno a los viajeros y luego comenzó a hablar:
- Me alegra que me preguntéis. No acostumbro a hablar y mucho menos a contar historias. Pero esta es una noche especial. Haré una excepción. Alimentad el fuego, porque la historia que vais a escuchar es larga, y es una que no habréis oído jamás.
- dijo, con una voz rasposa, fría, aunque animada.
El corro no tardó en echar leña al fuego y arrimarse más a él, con súbito interés. Uno de ellos sacó un rollo de pergamino y pluma, al parecer, viendo en esa inquietante historia la oportunidad de una nueva canción con la que seguir ganándose la vida como bardo. Si de verdad ese hombre era quién parecía...
- Comenzaré con las presentaciones. Mi nombre es Niráed, que en el antiguo y olvidado letán significa "El que ve más allá". No siempre me llamé así, nací con otro nombre y me he llamado de muchas formas a lo largo de mi vida, pero hoy, y por siempre, soy Niráed. Mi historia se remonta a hace cien años, cuando este bosque se extendía hasta la Marca y todavía vivía la estirpe del rey Amüriel. Por mi aspecto podéis asegurar que no trabajo en el campo, pero tampoco lo hago al servicio de ningún rey. Pertenezco a una antigua nobleza y a una vieja orden que posiblemente ninguno de vosotros recuerde ya. Esta es mi historia. -dijo mientras se acomodaba, comenzando lo que sería una larga historia por la que bien valdría la pena pasar la noche en vela....
domingo, 27 de noviembre de 2011
Hermanos de Sangre
No es la primera vez que escucho esas palabras. Gente que nos conoce de hace tiempo. Gente que nos acaba de conocer. Todo notan algo extraño en nuestra relación. Algo especial y único. Ese algo es muy simple y a la vez muy poderoso. Hemos crecido a la sombra de unos valores e ideales que parecen obsoletos y desaparecidos de la edad moderna. Valores que toda persona debería tener si alguna vez desea sentir un verdadero lazo. Una fusión de almas.
No es porque seamos iguales. Al contrario, cada uno es de una forma y tenemos muchos roces. A veces roces serios. Esos mismos que hablan de nuestro "algo" lo saben.
Una vez alguien me dijo: "Las personas se unen con puentes, pero para enlazar un puente lo primero que ves de la otra persona es lo extrínseco y, por eso, casi nadie quiere enlazarse conmigo, no se molestan en mirar lo intrínseco." Ese alguien sabe bien quien es, porque forma parte de esta relación. Desde pequeños, fuimos pocos los que, en pos de algo mejor, nos lanzamos a la construcción de firmes puentes. Conexiones férreas y duraderas. No todas fueron acertadas, algunas han desaparecido. Otras, se mantienen pendientes de unos pocos hilos. Y las últimas, las menos numerosas pero más importantes, se mantienen, no como el primer día, sino mucho más reforzadas.
Hablo de personas unidas por algo más que una afición, algo más que un sentimiento y algo más que un capricho del destino. Hablo de divertirse juntos, de llorar juntos, de vivir juntos. Hablo de principios fuertes cuya rotura es simplemente impensable.
No existe la traición, no existe la discriminación, no existe el olvido. No en nuestro mundo.
Cada uno tiene sus épocas, sus ausencias, sus pequeñas disputas internas. Por mucho que se diga, los demás estamos esperando a que cada uno vuelva a su cauce para seguir navegando juntos. No siempre se ha de esperar ayuda, porque sabemos ver cuando uno necesita tiempo e intimidad. Soledad. La sabemos valorar.
Sabemos que juntos lo podemos todo, ya que somos una gran fuerza.
Tener la seguridad de dar la vida unos por otros. Saber que el que está a tu lado, riendo contigo, tal vez bromeando, un minuto después puede estar dejándose la piel por ti, no es algo que todos puedan asegurar que conocen. Las muestras de cariño, abrazos, demás tonterías que a simple vista pueden parecer un juego, son de lo más sinceras en nuestros corazones. Empezamos juntos, nos criamos juntos, sufrimos juntos, reímos juntos y nos apoyamos todos juntos. Esa unión casi no existe en nuestros tiempos, donde el egoísmo domina el corazón de todas las personas. El egoísmo propio. No el egoísmo colectivo.
En otros tiempos, en otra vida, se diría que fuimos hermanos de sangre.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Felicidad
Debes tener un objetivo en la vida. Para mí, la verdadera felicidad no consiste en los habituales cánones de películas y libros, aunque sí está basada, en parte, en obras creadas por otras personas, las cuales me han hecho ver que, entre otras cosas, lo que más me llenaría son esos ideales. No todo ha de ser melancolía aquí. El problema es que cuando más me inspiro es en mis peores momentos, ya que la escritura es el arma que uso contra los problemas.
Junto a mi propio ideal de felicidad, se adhirieron esos nuevos que he comentado antes, formando una unidad íntegra en mi persona. No pido mucho, tan solo cosas que me hacen sonreír.
Mi mayor reto es tener un pequeño número de amigos. Verdaderos amigos. Personas que sean capaces de creer en mí como yo lo haga en ellas. Alguien que me reproche a la cara lo que no le gusta de mí, que me ayude a corregirme cuando me equivoco. Que no me mienta innecesariamente ni me haga daño a conciencia. Personas que no jueguen a dos bandos, sino que se decanten por uno u otro, para bien o mal. La neutralidad no siempre es buena.
Posiblemente todo esto lo desee mucha gente, y con eso le baste, pero yo no me conformo con eso. Mi sueño es tener esos amigos y poder protegerlos, ayudarlos tanto físicamente como intelectualmente siempre que sea necesario. Tener la fuerza suficiente para plantar cara a mis problemas y a los suyos, siempre.
Lo único que me da miedo en esta vida, es no tener esa fuerza. Es fallar cuando me necesiten. No dar hasta la última gota de sangre por quien cree en mi. Y, si algo me da todavía más miedo, es darla y ser traicionado. Por eso elijo bien a quien doy mi confianza. No basta con conocerlos. Puedo llevar muchos, muchos años junto a ellos y no ser merecedores de mi confianza. Si algo he hecho durante toda mi corta vida ha sido observar. Observar y aprender mucho de las personas. No suelen sorprenderme casi nunca, siempre tiendo a adivinar cómo va a actuar una persona a la que ya he observado suficiente, y como muchos han comprobado, no suelo equivocarme. Les advierto de cómo les van a hacer daño, y no lo creen hasta que se lo hacen.
Por suerte, aunque por breves periodos, nunca de continuo, he conseguido tener esas sensaciones. Por tanto, sé que es posible alcanzar mi felicidad, y eso me da ánimos a seguir intentándolo, a seguir adelante. Tengo un motivo para vivir, y es muy importante.
miércoles, 12 de octubre de 2011
Dudas
Cuando todo en lo que crees se derrumba a tu alrededor. Cuando no ves más que al mundo fallar, una y otra vez. Cuando tus amigos son desconocidos y tu familia no te aporta nada, entonces, sólo te queda la duda. Y dudar no es agradable. No estar seguro de nada, no poder escuchar a alguien sin pensar que puede estar mintiendo.
Cuando eres un cobarde, cuando sientes la traición demasiadas veces, cuando alzas la vista solo para mirar atrás y no ves tu futuro. Cuando te duelen las piernas al andar, entonces, sólo te queda el lamento. La autocompasión. Te sientes solo, tonto y loco. Todo son sombras a tu alrededor.
A aquel en quien confiabas, ahora no te puedes ni acercar. A quien dabas tu vida, ya no puedes ni mirar. A aquel con el que querías compartirla, no le puedes encontrar. Pero no son ellos los que han cambiado. Probablemente siempre han sido así. Eres tú el que cambia. Eres tú el que de pronto ve el mundo con los ojos del pesimista. Toda la culpa es tuya y de nadie más, con lo que entras en un ciclo del que, si no andas con cuidado, no podrás salir. Tragas con todo el dolor posible para evitar hacer daño a los demás, nunca miras por ti mismo, y así estás. Tirado, tan endeble y vulnerable que la más mínima provocación te hunde más y más. Hundirte es fácil, sencillo, puede ser agradable al principio. Pero sin darte cuenta, llega un punto de inflexión. Un punto que puede durar un segundo, un día, un mes... Pero un punto del que, como no te empieces a levantar, no vas a poder volver atrás.
Eres testarudo, y no das tu brazo a torcer. Nadie sabe que realmente estás hundido. Transmites felicidad, alegría y esperanza. Tienes una gran fuerza, pues se necesita para poder tener dos caras. Una gran fuerza desaprovechada, estúpida, que deberías utilizar en cambiarte a ti mismo. Olvídate de los demás por una vez. Primero eres tú y tu felicidad. Luego vienen los demás y los problemas. Enciérrate en ti mismo pero no para lamentarte. Esta vez, enciérrate para luchar. Y no salgas hasta haber vencido, porque si pierdes, esa enorme fuerza algún día se acabará. Y tal vez tus amigos ya no sean tus amigos, tu amor ya no sea el que esperabas y tu familia no vuelva a ser la misma. Pero tú serás por fin persona, y gente ahí fuera hay de sobra. Dejarás atrás las dudas. Mirarás hacia delante. Agradecerás estar vivo. Mostrarás tu determinación.
Olvidarás el pasado. Saldrás de sus garras y le escupirás a la cara. Serás, por fin, libre.
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Reflexión de Sergio Ferrer:
Todos queremos y necesitamos ser, o al menos creer que somos, libres. Y no siempre es culpa nuestra, no solo nosotros cambiamos; a veces son los demás los que cambian. Esas personas a las que tanto creías conocer y de repente te sorprenden. Te preguntas si realmente siempre han sido así y tú estabas ciego o si son ellas las que han cambiado con el paso del tiempo.
Y sé que estás ciego y que estoy ciego, o más bien con la vista borrosa, pero, ¿realmente hemos estado siempre así? ¿los demás han sido siempre igual y no nos dábamos cuenta? No lo creo. Algo de culpa tienen que tener ellos, porque cambian, porque hacen cosas que no entendemos, porque... no todo puede caer sobre nosotros, porque eso fastidiaría nuestra efímera existencia. Y si hay algo de lo que estás seguro, de lo que estamos seguros, es que no queremos que eso ocurra.
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Reflexión de Sergio Ferrer:
Todos queremos y necesitamos ser, o al menos creer que somos, libres. Y no siempre es culpa nuestra, no solo nosotros cambiamos; a veces son los demás los que cambian. Esas personas a las que tanto creías conocer y de repente te sorprenden. Te preguntas si realmente siempre han sido así y tú estabas ciego o si son ellas las que han cambiado con el paso del tiempo.
Y sé que estás ciego y que estoy ciego, o más bien con la vista borrosa, pero, ¿realmente hemos estado siempre así? ¿los demás han sido siempre igual y no nos dábamos cuenta? No lo creo. Algo de culpa tienen que tener ellos, porque cambian, porque hacen cosas que no entendemos, porque... no todo puede caer sobre nosotros, porque eso fastidiaría nuestra efímera existencia. Y si hay algo de lo que estás seguro, de lo que estamos seguros, es que no queremos que eso ocurra.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Bocetos
Araña mi piel como una fina lija, acariciándola mientras la hiere. Si fuera árbol, sería la sabia que brota por la herida mientras las hojas se despiden para verme desde el suelo y reírse de mí. Una roca desgastada por el tiempo y el clima, cuyo núcleo se quebró hace tiempo. Porque el aire me trae su risa y el otoño su partida. El invierno, el comienzo y, el verano, su final. El lienzo sobre el que se pintaron las primeras etapas de mi vida, era gris desde un principio.
La paleta de colores pecaba de diversidad, el lápiz para los contornos no tenía punta y todo se quedó borroso. El pintor debía ser idiota. Intentó arreglarlo con los dedos y, su grasa, lo emborronó todavía más.
Y, entonces, puso parches. Lo terminó de estropear. Parches viejos, gastados. Parches que ya no se usan y que no están bien vistos en la sociedad. Encima sería raro. Pero también se pasó con el agua, y los colores se corrieron dando forma a cosas que él no había previsto en su idea original. Otro fallo más. Ya daba igual. Que el tiempo le de forma. Y el tiempo lo adoptó.
Paseo por la arena de los ojos secos de tanto llorar, el mar de lágrimas donde navegan muchos sueños sin esperanzas. A veces tan cálido, que incluso llega a quemar, pero viene la lluvia para volver lo a enfriar. Siempre llega la lluvia, que, como suave terciopelo, adormece todas mis pasiones y saca a relucir mi lado más oscuro. Saca a relucir la cruda realidad. Que el lienzo manchado está y no se puede volver a empezar a pintar.
martes, 2 de agosto de 2011
Suspiros de vida
Día a día, desde hace ya tiempo, predomina en mi vida el desasosiego. Algo dentro de mí me grita a cada hora, a cada minuto, a cada segundo, que no puedo tener paz. Una opresión fuerte y molesta en el pecho que me motiva a suspirar. Es un acto involuntario, no lo puedo controlar. Hace tiempo que no dejo de suspirar. Mi cuerpo me intenta proteger, me intenta librar de éste malestar. Malestar que no consigo eliminar. Y otro suspiro más. Entorno los ojos, dejo escapar el aire de mis pulmones muy lentamente, la presión se reduce. Una nueva bocanada y la presión vuelve a aparecer. Nunca se va.
Está ahí para recordarme constantemente el caos, la incertidumbre, la culpa y la impotencia que reinan en mi vida. Que me gustaría encerrar el cielo en una pequeña roca sin cerradura y que solo lo contuviera mi voluntad. Poder verlo llorar sin querer acompañarlo en su congoja y hablar con sus estrellas. Cantar con la Luna a los enamorados, tumbarme en su cuarto creciente. Reír con el Sol y volar con los pájaros en su libertad. Viajar con el aire ayudándole a soplar, acariciando el mar y sentir la fuerza de sus olas y corrientes.
Y en su prisión de roca, poderme sentar. Unirme con la tierra como el rayo en una tempestad. Bailar con el fuego toda la noche sin miedo a poderme apagar. Encontrar al tiempo, y preguntarle: ¿Cómo va? Siento que tengas que pasar.
Y que pase en mis suspiros, como si me robase un trozo de mí. Porque el tiempo me roba suspiros de vida.
miércoles, 29 de junio de 2011
Sálvame
"Le encontré perdido en un andén, casi sin rumbo fijo. No pensé que aquel extraño ser fuera a la vez tan lindo. Me embarqué sin avisar, en su mismo tren logré escapar al fin. Devuélveme el calor de ayer, arráncame esta angustia al ver que alguien me guía en mi camino. Sálvame. Sin querer me fui perdiendo en él y me atrapó su hechizo. Y temí que el misterioso ser fuera a escaparse y lo hizo. Se marchó sin avisar, el maldito tren volvió a escapar sin mí. Devuélveme el calor de ayer, arráncame esta angustia al ver que alguien me cuida en mi camino, mi destino. Sálvame. Podré vivir sin aire, sobreviví sin tiempo, pero no puedo más si no estás tú. Sálvame, devuélveme el calor de ayer, arráncame esta angustia al ver que alguien me guía en mi camino. Sálvame, devuélveme el calor de ayer, arráncame esta angustia al ver que alguien me cuida en mi camino, mi destino, mi camino.... Sálvame."
Leo Jimenez.
domingo, 26 de junio de 2011
Por un sueño
Solo por una noche, solo por un sueño, estaré hoy esperando. Allá donde mi memoria alcanza, la nostalgia desgarra mi alma. Allá donde mis ojos miran no veo esperanza. Perdida la vista en el horizonte, enfrentandome a mis miedos, a mis pesadillas. El sol sale, calienta mi piel. Absorto en mis pensamientos, ignoro los elementos. Pero ellos se empeñan en hacerse notar. Se quema mi piel, tiemblan mis manos, se empañan mis ojos. Sopla la brisa, inspiro muy hondo, se regocija mi corazón. El sol cae, la luna sale. Y continuo mirando el horizonte. Algo se está rompiendo dentro, muy dentro. Da igual. No me voy a desmayar. No voy a mirar atrás. No todo está perdido. Siempre se puede volver a sonreir.
Sonrío. Que dulce sueño. Creía volar. Me sentía volar. Qué complicado. Cantan los pájaros, sopla el viento, se rien los niños. Los niños. Vuelvo a soñar. Creía ser un niño. Aún me siento niño, pero me falta algo que me ha sido arrebatado. Extraños, se ríen de mí. Sueño. Vergüenza, ira, odio, venganza. Quienes me aprecian están ahí, me llaman a su lado. Sueño. Soy uno más, me siento como un igual. Una sonrisa cargada de cinismo.
La luna se oculta, he perdido mucho tiempo ya. Estoy cansado de esperar. Mejor vuelvo a casa y dejo de soñar
Sonrío. Que dulce sueño. Creía volar. Me sentía volar. Qué complicado. Cantan los pájaros, sopla el viento, se rien los niños. Los niños. Vuelvo a soñar. Creía ser un niño. Aún me siento niño, pero me falta algo que me ha sido arrebatado. Extraños, se ríen de mí. Sueño. Vergüenza, ira, odio, venganza. Quienes me aprecian están ahí, me llaman a su lado. Sueño. Soy uno más, me siento como un igual. Una sonrisa cargada de cinismo.
La luna se oculta, he perdido mucho tiempo ya. Estoy cansado de esperar. Mejor vuelvo a casa y dejo de soñar
viernes, 17 de junio de 2011
Discurso de graduación de la ESO
Os dejo el discurso original que escribimos y leimos Abe(negrita) y yo(normal) en nuestra graduación, allá por el 2006 y que recuerdo con mucha añoranza que consiguió arrancar unas lágrimas de más de uno.
Mariano Serra, Septiembre de 1993.
Algunos pensareis, “ha pasado mucho tiempo”, otros diréis “! Si era ayer cuando jugábamos en la arena!”. Bueno, yo no se que pensar, simplemente puedo deciros que han pasado 13 años, hemos vivido juntos y durante esta convivencia se han forjado amistades que durarán eternamente, ha habido diferencias y disputas, que siempre se ha sabido olvidar y sobre todo, ha habido compañerismo.
Soy Juan, aunque todos me conocen más como Najar y hoy, junto con Abe, vamos a intentar rememorar el pasado, y por unos minutos volver a nuestra tierna infancia.
- Buenas noches, como ha dicho Najar, soy Abe, espero que todos me conozcáis sino ya sabéis quien soy. Al igual que él y muchos de nosotros empecé ese septiembre con las mismas ganas y hoy acabamos con el mismo sentimiento.
Nos encontramos en primero de primaria, la gran separación. Habíamos vivido los años de preescolar juntos, como una única clase, y llegó la hora de separarnos. Apareció el A y el B, que durante muchos años hizo que las dos clases se distanciasen, hasta el punto de apodarnos mutuamente con la coletilla “ tal el de A o tal el de B, respectivamente”
También entraron una serie de nuevas personas, algunas de las cuales han caído en el camino, estas se integraron fácilmente, porque si de algo sabemos todos es de aceptación.
Seguro que todos recordaréis el mítico “ SEÑORITAAA”. Esta expresión servía para quejarse de algún compañero, para preguntar dudas.. y para una infinidad de cosas mas.
Nombraría algún profesor o profesora, pero fueron tantos y durante tanto tiempo que todos han sido especiales y han formado parte de nosotros.
-Secundaria, un cambio total, parece que te conviertas en otra persona, alguien destinado a cambiar completamente. Claramente cambias, una hormona con patas, una fuente de energía que no calla ni bajo el agua. Los dos primeros años son un camino con pocas responsabilidades, una transición para un trabajado futuro. Pues en tercero y cuarto todo cambia drásticamente, la supervivencia se convierte en el trabajo diario. El cambio de profesores, uno para cada materia diferente y nuevo, supuso un gran salto y una diferencia a la hora de dar clase. Profesores que destacamos por su doble carácter, respeto cuando son serios, confianza y risas en los buenos momentos, ya sea por las excursiones y viajes o por el buen ambiente en clase. Tercero se convierte en otro escalón mucho mas alto que los anteriores. Otro cambio de profesores, cada vez mas duros, el nivel de trabajo aumenta. Poco a poco compañeros no consiguieron pasar de curso y el grupo disminuía de numero, hasta convertirse en dos clases de 18 alumnos.
4º de ESO. Parece que hace solo una hora empezara el curso, pero estamos aquí, en un evento todos reunidos celebrando el fin del curso... el fin de una etapa de nuestra vida.
Este curso ha habido una interacción total entre las dos clases, debido a la mezcla de estas. Somos mayores, ( o por lo menos mas que antes ), hemos disfrutado con los profesores mas que el año anterior, pues nuestro comportamiento ha hecho cambiar su actitud hacia nosotros.
Ha sido un año de risas, innovaciones, bailoteo en clase, dialogar sobre nuestras vidas con los profesores y conocerlos un poco mas. Ha sido un año de lloros, de disputas, de apuestas por ver quien sacaba mas nota, de nuevas amistades... de tantas cosas que haría falta para contarlas, el mismo tiempo que ha hecho falta para que pasaran.
Los adultos siempre dicen que el tiempo pasa muy deprisa y sin darte cuenta dejas de ser niño. ¿ Vosotros que pensáis? A mi este año se me ha pasado tan rápido como una canción
Os voy a echar mucho de menos a todos, a algunos os veré a menudo, a otros no tanto, pero debéis saber que todos vosotros estaréis en mi memoria, y que 13 años de vida no se olvidan nunca.
Un recuerdo.. ¿ que es un recuerdo ? Algo que no se puede olvidar, una serie de sucesos que tu mente guarda por algo en concreto, y que en este caso puede ocasionar lagrimas, risas, nostalgia, alegría..
Son términos que espero que todos conozcáis, pues no todas las lágrimas derramadas son malas, ya que llorar de felicidad es envidiable y algo difícil de conseguir.
Pensar que habéis muerto y vuelto a nacer, hemos dejado atrás una vida entera de sueños, de logros, de fracasos...
¡Demos un paso adelante!
- Siempre soñé con un final, deseaba acabar, hoy he acabado y avanzo mirando atrás. Alzo mi cabeza, firme me marcho, hice lo que tuve que hacer, cumplí mis objetivos. Pero a parte de los objetivos, hay una vida entregada al compañerismo. Mi vida esta unida a las vuestras, tenemos las mismas raíces, pero distinto futuro. Las lagrimas irritan mi cara, el corazón bombea deprisa, y mirando al cielo, circulan miles de imágenes, todo un recuerdo, mi gran recuerdo vuestro.
Vivimos en un pueblo, es Aldaia, nos cruzamos veces y veces..
Espero que nuestra amistad no acabe, como todos los ex alumnos, alguna vez haremos una cena o vendremos a la fiesta de fin de curso a visitar a nuestros antiguos profesores
Sois los únicos compañeros con los cuales he vivido toda mi niñez y adolescencia. Sois la mejor gente, aunque hayan habido problemas y enganchones. Decir también que las revoluciones han sido un gran ejemplo de compañerismo y amistad, debemos luchar juntos.
Ya que es la ultima noche juntos, hagamos una buena despedida, hoy todos los problemas quedan olvidados, buenas noches amigos.
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